Pensando la ciudad desde la accesibilidad

|

Aportaciones al debate sobre el nuevo Plan General de Ordenación Urbana

“Un entorno accesible capacita, un entorno inaccesible discapacita”.

Anónimo

El planeamiento y la ordenación urbanística son los instrumentos principales a través de los cuales se define el modelo de ciudad. Ambos determinan la estructura y configuración del espacio, y tienen efectos directos sobre la clasificación y uso del suelo. 

Incluir la perspectiva de la Accesibilidad Universal (1), en el planeamiento y la ordenación urbanística, desde el origen, contribuye a generar un modelo de ciudad inclusivo y amigable, ya que crea un diseño, estructura y configuración del espacio que facilita su uso de forma autónoma, en condiciones de confort y seguridad para todas las personas, incluyendo a las personas con discapacidad o movilidad reducida, mayores, mujeres embarazadas o niños y niñas, entre otras.

Dos criterios son imprescindibles para realizar un buen planeamiento y ordenación urbanística: 

1. Diseñar para la diversidad de personas que habitamos la ciudad.

La diversidad es una cualidad de la humanidad. Esto implica no construir para un arquetipo de persona con unos estándares y medidas uniformes, sino para la diversidad de maneras de habitar los espacios, es decir, para las diferentes maneras de deambular, aprehender (2), orientarse y comunicar (Principios DALCO (3)).

El compromiso y la empatía con la diversidad predispone hacia un modelo de ciudad que potencia la capacidad de adaptación de los espacios a las necesidades de las personas. Podemos así, crear soluciones universales: acoplando el diseño del espacio para que promueva la participación activa, facilite el desarrollo de las actividades cotidianas sin esfuerzo y genere bienestar emocional. Las personas están más cómodas y seguras en un entorno accesible, adaptado a sus cualidades, habilidades y necesidades físicas y psicológicas.

2. Gestionar la accesibilidad desde la participación

De la misma manera que la participación genera accesibilidad, donde no hay participación suele haber más barreras. Es fácil comprobar esta afirmación dando un breve paseo por nuestras calles o edificios públicos.

La participación es una excelente herramienta que complementa la visión técnica y/o política de las personas que desarrollan proyectos urbanísticos.  

La participación ayudada por la experiencia práctica de las asociaciones es una magnífica aliada para dar calidad al planeamiento y la ordenación urbanística, por las siguientes razones: 

  1. Ayuda a descubrir las deficiencias y alerta de posibles errores: la revisión de los proyectos atendiendo la perspectiva de la diversidad de necesidades garantiza la ausencia de errores o los reduce sustantivamente.
  2. Crea soluciones imaginativas a problemas recurrentes: la señalética accesible ayuda a orientarse y comunicar fácilmente a las personas en los espacios.
  3. Actualiza las necesidades de las personas integradas en el territorio: localización de itinerarios peatonales accesibles o la eficiente ubicación del mobiliario urbano.
  4. Aporta un conocimiento especializado: como es el caso de la Accesibilidad Cognitiva.
  5. Garantiza la implicación de las asociaciones con las iniciativas puestas en marcha y refuerza su compromiso con la vida de la ciudad.

(1) Conjunto de características de las infraestructuras, del urbanismo, los edificios, establecimientos e instalaciones, el transporte o las comunicaciones que permiten a cualquier persona su utilización y disfrute en condiciones de seguridad y de autonomía, Decreto 293/2009, de 7 de julio.

(2) Acción de coger o asir alguna cosa, es decir, la posibilidad de interactuar y utilizar productos o servicios.

(3) Son aquellos requisitos que nos permiten interactuar con el entorno y realizar actividades sin encontrarnos barreras ni obstáculos. Forman parte de la Norma UNE de Accesibilidad 170001-1.2007.

Alfonso Huertas Marchal, diciembre 2024.

Publicaciones Relacionadas