De la afectividad asociativa al liderazgo compartido: retos de la participación

La práctica asociativa está incrustada en un conjunto de relaciones sociales, culturales y éticas basadas en el bien común y en la comunidad. La participación es un acto social: la persona ejerce su participación en un contexto de reglas y convenciones, que le influyen, pero que también las crea.

El éxito de una asociación depende de la capacidad de aglutinar a un buen número de personas que promuevan sus valores y apoyen activamente sus actividades. El factor humano es, por tanto, la clave. Por ello, se deben aumentar los esfuerzos y la creatividad para fortalecer la participación de las personas. No hay recetas mágicas, pero un trabajo constante, basado en una estrategia, con objetivos realistas, puede comenzar a dar resultados.

Sin querer hacer un recetario sino un acercamiento a los retos:

A) Desaprender de la malaparticipación:

Hay que identificar aquellos hábitos de trabajo, criterios de organización y planificación que, en sí mismos, pueden desmotivar la participación. Estos cuatro ejemplos señalan algunos errores habituales:

  • Las personas no se han visto implicadas en el qué hacer y en el cómo hacer. Hay una división de roles: los que piensan y los que hacen.
  • Se realizan actividades sin tener en cuenta los horarios, el tiempo de duración, entre otras, que más convienen a las personas, es decir, la actividad no se adapta a las posibilidades de participación de muchas personas.
  • A veces las actividades no son accesibles para las personas con discapacidad, las personas mayores, las mujeres embarazadas, las niñas y los niños, etc.
  • No se trata de hacer mucho, se trata de tener mucho impacto. Hay que poner el acento en cómo se hacen las actividades.

B) Ambiente afectivo

En primer lugar, los valores como reconocimiento, respeto, amabilidad o cordialidad son algunos componentes de la afectividad asociativa. Si estos valores impregnan todos los actos y procesos de la asociación, las personas estarán vinculadas emocionalmente a las actividades. La afectividad asociativa, por tanto, puede crear dinámicas de bienestar entre las personas que participan en las actividades.

En segundo lugar, potenciar el carácter lúdico de las actividades planificadas. Se trata diseñar las actividades de manera que, en su desarrollo, las personas disfruten, se diviertan, se relacionen, etc.

C) Decisiones compartidas:

  • El consenso, la búsqueda de soluciones compartidas, es la mejor herramienta para llegar a acuerdos en los que nadie sienta que ha perdido. El consenso hace crecer a las personas pues requiere un esfuerzo creativo de soluciones.
  • La diversidad de opiniones y culturas existentes es una fuente de riqueza que debe alimentarse. La gestión del conflicto es básica para el crecimiento de las asociaciones.

D) Liderazgo compartido

  • Debemos transformar los roles implícitos en la dualidad directivo/asociado porque esa división de tareas convierte en la práctica activo/pasivo. 
  • Los liderazgos compartidos rompen con los roles jerárquicos y predisponen a la autoconfianza, la autonomía de las personas para abordar responsabilidades.
  • Desde la cultura de compartir: ceder el espacio a la otra persona, establecer reglas para no monopolizar, integrar a toda las personas, etc.

E) Participación a la carta

Atendiendo a sus intereses y condiciones personales, que facilitan o dificultan la participación, las personas han de sentirse libres de elegir dónde, cómo y cuando participar. Los estatutos de las asociación deben contemplar diferentes opciones de participación. La asociación ha de apoyar la decisión tomada, en cuando a:

  • Derecho a desparticipar: La participación no debe tomarse como una obligación autoimpuesta, ni un sacrificio que queremos que acabe pronto. Dentro de los derechos de las personas, la asociación, apoyará y facilitará el deseo de desconexión de la persona de las actividades, garantizando el contacto de ésta con la persona. Poner en pausa la participación, no es poner fin a un compromiso asociativo.
  • Elegir un modelo de participación baja u ocasional es otra opción que permitirá que personas, con circunstancias personales diversas, puedan estar conectadas y participar incluso en la toma de decisiones.

F) Algunas sugerencias que podrían ser útiles

  • Utilizar una versión lenguaje fácil en todos los documentos de la asociación (estatutos, memorias, proyectos, notas de prensa, etc.).
  • Análisis de las condiciones personales tienen las personas asociadas: horarios, condiciones laborales, situación familiar, necesidades de accesibilidad, conocimiento de los temas asociativos, etc.
  • En la evaluación de las actividades incluir trasversalmente la participación.
  • Realizar una jornada anual de reflexión sobre la participación.

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